Fe y limosna 19º Domingo del Tiempo Ordinario C

Orar por el don más elevado El Espíritu Santo – El Decimoséptimo Domingo del Tiempo Ordinario Año C

Fe y limosna 19º Domingo del Tiempo Ordinario C

Sabiduría 18:6-9, Salmo 33, Hebreos 11:1-2, 8-19, Lucas 12:32-48

En la segunda lectura de hoy de la Carta a los Hebreos, Abraham es alabado por su fe. Una forma en que Abraham es alabado por su fe es por confiar en Dios cuando Dios le pidió a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac.

De acuerdo con la Carta a los Hebreos, Abraham razonó que dado que Dios puede resucitar incluso a los muertos a la vida, entonces después de que Abraham sacrifice a su hijo Isaac, Dios restauraría a Isaac a Abraham resucitando a Isaac de entre los muertos. Sin embargo, justo antes de que Abraham estuviera a punto de sacrificar a su hijo en un altar, un ángel le dijo a Abraham que no “No extiendas tu mano sobre” su hijo, Isaac, y en su lugar que ofreciera a Dios “un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos”. (Génesis 22:13 RVR1960)

A través de la fe, Abraham tuvo la visión de una realidad que vendría mucho más tarde, la realidad de Dios resucitando a un hijo de entre los muertos, en este caso el propio hijo de Dios, Jesucristo. [1]   Al describir la fe como dándonos una nueva visión para ver la realidad, incluso la más difícil y difícil de aceptar, el Papa Francisco escribe en su encíclica Lumen Fidei que por la fe “ganamos una visión fresca, nuevos ojos para ver; … una visión de futuro se abre ante nosotros… guiando nuestro viaje a través del tiempo”.[2]

En el pasaje del Evangelio, Jesús da un ejemplo de hacer algo con la visión fresca, los nuevos ojos de la fe. Cuando damos limosna a los pobres, explica Jesús, estamos almacenando “un tesoro que no se acaba” en el cielo. Al comentar este pasaje, San Juan Crisóstomo, citado por Brant Pitre, nos exhorta a ver a los pobres con nuevos ojos de fe. [3]

Cuando vemos a los pobres a través de los ojos de la fe, vemos un altar adecuado para ofrecer sacrificios a Dios. En otras palabras, cuando ayudamos a los pobres estamos ofreciendo un sacrificio agradable a Dios. Esto significa, afirma Pitre, “cada persona pobre a la que le das limosna es como un altar viviente, un representante vivo de Jesucristo”. 

Cuando damos limosna, cuando ayudamos a los pobres, podemos hacerlo desde la perspectiva de la fe al ver a los pobres como un altar, el altar de Jesucristo que se ofrece a Dios para la salvación del mundo.

Que Dios Le Bendiga – Padre Pedro


[1] Brant Pitre, “The Nineteenth Sunday of Ordinary Time (Year C),” catholicproductions.com, 13.

[2] Francis, “Lumen Fidei, 2013,” vatican.va, https://www.vatican.va/content/francesco/en/encyclicals/documents/papa-francesco_20130629_enciclica-lumen-fidei.html.

[3] Brant Pitre, “The Nineteenth Sunday of Ordinary Time (Year C),” catholicproductions.com, 13.

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