Cómo heredar la vida eterna 28 Domingo del tiempo ordinario (año B)

Cómo heredar la vida eterna 28 Domingo del tiempo ordinario (año B)

Sabiduría 7:7-11 Salmos 90 Hebreos 4:12-13 marca 10:17-30

              En el pasaje del Evangelio de hoy un joven rico le pregunta a Jesús, “Maestro buen ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eternal?” El primer requisito que Jesús identifica como necesario para ganar la vida eterna es obedecer los diez mandamientos. El hombre responde a Jesús afirmando que ha guardado todos los diez mandamientos. Jesús entonces explica al hombre que guardar los diez mandamientos es necesario pero no suficiente para ser salvado. Se requiere más.

Cuanto más se requiere para ganar la vida eterna es ser separado de todo uno posee. Así que ahora tenemos dos requisitos para ganar la vida eterna. El primer requisito es mantener los diez mandamientos. El segundo requisito es desprenderse de todo lo que uno posea.

Si reflexionamos cuidadosamente sobre el pasaje del Evangelio, aunque el joven había respondido que estaba separado de todo lo que poseía y demostró su desapego al regalar todo lo que posee a los pobres, esto tampoco es suficiente para ganar la vida eterna.

Todavía hay otra condición que se ha descrito e identificado en una variedad de maneras. A menudo la palabra “gracia” se utiliza para identificar este tercer requisito. La gracia viene de una palabra griega que significa don. Para ganar la vida eterna, por lo tanto, debemos ser ofrecidos este regalo por Dios. Estrictamente hablando, no podemos ganar este regalo, no importa cuántas buenas acciones hagamos porque, como Jesús dice, “Nadie es bueno sino solo Dios.”

Así explicado por Santo Tomás de Aquino la razón por la que debemos orar por la gracia de la perseverancia final es precisamente porque no podemos ganar este don de perseverar en la fe para ganar la vida eterna. Sin embargo, lo que podemos hacer es orar persistentemente por la gracia de la perseverancia final. Por esta razón, asistiendo fielmente a la Misa, la oración diaria del Rosario y/o la liturgia de las horas, junto con otras oraciones son formas importantes de pedirle a Dios este gran don de perseverar en la amistad con Dios, en otras palabras, perseverando en la gracia para reciber vida eterna.

La imagen del camello que no puede atravesar un ojo de una aguja a la que Jesús se refiere es una imagen excelente. Esta imagen nos enseña la importancia de ser humildes, de inclinarnos hacia Dios y pedirle que persevere en nuestra amistad con él. Como lo explica Benedicto XVI, un camello no puede atravesar el ojo de la aguja, ya sea una aguja literal o una puerta baja de Jerusalén llamada el ojo de la aguja, debido a su “joroba orgullosa” que le impide pasar por “la puerta de la bondad misericordiosa”.[1]

Que dejemos ir nuestro orgullo, que dejemos pasar de cualquier sentido de derecho con Dios, cualquier expectativa de que merezca ser recompensada y luego, libre de nuestras orgullosas jorobas de camello, pidamos a Dios por medio de la intercesión de María nuestra madre por el don de la perseverancia final en nuestro amistad con Dios, en nuestra amistad con Jesús.

Que Dios Le Bendiga,

Padre Pedro

[1]Benedict XVI, Day by Day with Pope Benedict XVI, 111.

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