Yo soy el pan de la vida 19 Domingo Ordinario tiempo (B)

Yo soy el pan de la vida 19 Domingo Ordinario tiempo (B)

1 Reyes 19:4-8 Salmos 34 Efesios 4:30-5:2 Juan 6:41-51

La primera lectura del primer libro de Reyes está en el Profeta Elías. Elías está huyendo de la malvada reina Jezabel. Jezabel quiere matar a Elías. Después de viajar por un día entero y aguantar el calor implacable de un desierto, Elías se sienta, o, quizás, se derrumba bajo la sombra de un árbol. Allí casi se desespera de vivir y clama a Dios, “Quítame la vida”. Dios responde enviando Ángeles a Elías que le dan torta y agua. Esta comida enviada por los mensajeros celestiales asegura que Elías vivirá.

El salmo responsorial (3d) en un sentido rima con la primera lectura refiriéndose a un ángel del Señor que protege a los seguidores de Dios que “prueba y verás qué Bueno es el Señor”.

El pasaje evangélico para hoy del “discurso del pan de vida” de Juan capítulo seis también se hace eco de los temas de la divinidad, los Ángeles, la bondad, la alimentación y la vida. Como explica Pitre, este capítulo enfatiza estos temas en dos partes. La primera parte del discurso está en la divinidad, y implica la presencia de los Ángeles. La segunda parte es sobre la bondad, la alimentación y la vida.[1]

En la primera parte del pan del discurso de la vida, Jesús enseña que él es Dios con las palabras, “ha bajado del cielo” como el hijo de Dios el padre celestial.

En la segunda parte del pan del discurso de la vida, Jesús entonces promete que seremos invitados a participar en su vida divina, en la bondad absoluta de Dios. Lo hace diciendo que “yo soy el pan vivo” y que “quien lo coma, no muera”.

El pan que Jesús ofrece, sin embargo, es diferente a cualquier otro pan. A diferencia del pan ordinario que nos nutre aunque pensemos que estamos comiendo algo más, como los pasteles de arroz, el pan que Jesús nos da, que es él mismo, no se nutrirá a menos que creamos en la divinidad de Jesús y creemos que Dios quiere compartir su divinidad con nosotros.

Más tarde, en el Jueves Santo Jesús cumplirá su promesa instituyendo la Eucaristía por la cual recibimos su vida divina, la vida divina que puede transformarnos al adivinarnos bajo la condición de que reconozcamos la presencia divina de Jesús escondida bajo la forma de pan y vino.

La condición de la fe, enseña Jesús, no puede ser adquirida por ningún esfuerzo humano desde entonces, “nadie puede venir a [Jesús] si no lo atria el Padre”.

Hoy, podemos pedirle al Padre celestial una mayor fe en la divinidad de Jesús y al hacerlo prepararnos adecuadamente para recibir a Jesús escondido en la Eucaristía.

Que Dios le bendiga,

Padre Pedro

Unknown, “The icon of Christ Pantocrator from Gavshinka, a village near Yaroslavl,” 1200s, Anonymous (http://yarcenter.ru/content/view/32248/179/) [Public domain], via Wikimedia Commons.

[1]Brant Pitre, “Nineteenth Sunday in Ordinary Time (B),” catholicproductions.com.

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